La Cineteca Nacional restaura «Ulama…», joya del documental mexicano sobre el juego de pelota
CIUDAD DE MÉXICO (apro).- El documental de Roberto Rochín Ulama, el juego de la vida y la muerte (1986), sobre la historia de uno de los deportes más antiguos del mundo, originario de las culturas prehispánicas de Mesoamérica, el juego de pelota, ha sido rescatado y restaurado y se exhibe en la Cineteca Nacional de Xoco.
Desde 2012 la Cineteca Nacional creó el Laboratorio de Restauración Digital Elena Sánchez Valenzuela, que se encarga de conservar obras cinematográficas con el objetivo de preservar el patrimonio fílmico nacional y tender un puente de experiencias y reflexiones entre la labor de rescate y las audiencias del presente y el futuro.
Para la secretaria de Cultura del Gobierno de México, Claudia Curiel de Icaza, “restaurar Ulama, el juego de la vida y la muerte permite recuperar una obra fundamental del cine documental mexicano y, al mismo tiempo, volver a mirar una práctica ancestral que sigue viva en distintas comunidades del país”. Siguió:
“Con este trabajo, el Laboratorio de Restauración Digital devuelve memoria a la pantalla y acerca a nuevas generaciones a una historia donde el cine, el juego de pelota y las culturas originarias dialogan con el presente”.
Previo a la restauración, se evaluó el material en el archivo, al que ingresó en soporte analógico de 35 mm y se detectó deterioro en imagen y sonido, además de la pérdida del último rollo. El equipo del Laboratorio se dio a la tarea de recuperar el material a partir de una copia positiva que proporcionó el director, aunque tenía menor calidad, exceso de rayas y manchas al ser utilizado para proyección en cines.
Tampoco se tenía el negativo de sonido, por lo que se rastreó su paradero hasta los Estudios Churubusco. El director de la película gestionó la recuperación para que se concretara la restauración.
Entre los diversos desafíos que enfrentó el Laboratorio se encuentran los ajustes en escenas con iluminación intensa, pues se filmaron de día, aunque para la narrativa se planteaban de noche (Day for night). El equipo trabajó cada escena para que cumpliera con los parámetros solicitados por el fotógrafo.
Otro reto fue el sonido, pues el rodaje se hizo con micrófonos tipo Boom, por lo que la saturación fue una constante; para solventarlo, se realizaron diversos ajustes, sobre todo en partes en las que los participantes pronunciaban la letra «S». También se trabajó sobre la voz del narrador para atenuar la sibilancia.
Colaboraron el director, Roberto Rochín, y el fotógrafo, Arturo de la Rosa, por lo que el proceso tuvo siempre la perspectiva visual original de sus creadores, quienes consideran que el trabajo realizado es satisfactorio.

